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No cabe duda que la mejor forma de conocer la montaña es de la mano de los especialistas. Los riesgos y peligros a los que se somete aquél que entra en un terreno tan inhóspito como la alta montaña sólo pueden ser contrarrestados con la eficacia del conocimiento aliado a la mejor técnica. Es por ello que la formación constante del deportista resulta imprescindible.
Los instantes vividos en el ambiente alpino dejan una profunda huella en sus protagonistas. Las amistades que surgen en este entorno suelen ser duraderas pues sus lazos son más fuertes que las rocas que sostienen los altos neveros.
Mas no conviene olvidar que se está realizando una actividad de riesgo, con todos los matices que uno quiera, pero de riesgo a fin de cuentas. Así, responsablemente sólo quedan dos caminos: o la obsesión por la formación constante y/o el acompañamiento de un especialista.
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